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Cata #1 - Platino Batch 1

Hoy, 13 de octubre del 2020, tuvimos nuestro primer evento para nuestro exclusivo grupo 15 personas que adquirieron la membresía platino. Además de disfrutar de una excelente velada en la que se burlaron de mi caligrafía... y nuestro presidente se acabó una botella de 3 litros de Dom Perignon, también hablamos de whisky... y no de cualquier whisky. En esta primera cata de tres drams de 50 ml, disfrutamos de The Macallan Concept n°1, The Yamazaki 12 y Glenmorangie Signet. A continuación les compartimos las reseñas de cada unos de los whiskies.


The Macallan Concept No.1 es la primera edición limitada de la serie lanzada para el mercado de Travel Retail, inspirada en el arte surrealista. Por lo mismo este single malt se elabora a partir de whiskies madurados barricas de jerez y luego en barricas de bourbon por el mismo tiempo. La serie tiene como objetivo explorar imaginativamente las muchas opciones que existen en el arte del añejamiento. Alc. 40% Vol NAS

Nariz: Dulce de caramelo y toffee. Algo de almendras, especias de jengibre y canela. Toques de frutos secos, cítricos y plátano. Paladar: Cáscara de naranja y limón con suaves toques de roble tostado, fruta fresca y jengibre. Final: Tiene una fortaleza medio, tirándole a suave. Es seco con un persistente final de roble, cítricos y jengibre.





The Yamazaki es el whisky de malta insignia de Suntory, de la primera y más antigua destilería de malta de Japón (1923). Este whisky de 12 años salió al mercado por primera vez en 1984 y fue el primer whisky de malta japonés que se comercializó seriamente. Desde entonces, ha adquirido una especie de culto, ¡y por una buena razón! Un single malt maravillosamente elegante y suave al que ciertamente no le falta sabor. Alc. 43% Vol Añejamiento: 12 años Nariz: El whisky japonés siempre ha tenido como referente a los escoceses. No es de extrañar descubrir en ellos grandes similitudes con los maltas de Speyside. Sin embargo, una de las características de éste whisky es que fermenta más de lo habitual antes de la destilación, lo que le da una cremosidad y unos toques florales muy característicos. Además, podremos encontrar notas a frutas tropicales como la piña. Matices de cereal, galletas.

Paladar: Intenso, rico y sedoso, de cuerpo medio. Sorprende debido a su edad y al color pálido. Éste whisky ha sido añejado en una combinación de barricas de roble español, estadounidense y japonés, combinación que sin lugar a dudas se deja ver en nuestro paladar. Podremos encontrar miel, durazno y vainilla. También podremos notar sabores más sutiles como especias y frutos del bosque.

Final: Magnífico. Hay un verdadero festival de sabores dulces y perfumados. Melocotones, cerezas, nueces, flores silvestres, naranja, canela y vainilla. Largo y sedoso.



Este magnífico Glenmorangie se creó con una combinación de whiskies producidos a partir de dos tipos de cebada malteada: una variedad Cadboll de una sola propiedad y la cebada de chocolate malteada, que es más conocida como base para las cervezas artesanales. “Stout” ¿les suena?

Este whisky fue destilado dos veces a través de alambiques de cobre de Glenmorangie, por un equipo de 16 destiladores conocidos como los 'Dieciséis hombres de Tain'. Posteriormente se maduró en barricas de roble virgen americano hechas a medida antes de ser embotellado al 46% y no recibió ninguna filtración en frío. Por eso los depósitos que pueden encontrar en sus Drams.

Si bien es un “NAS”, se dice que hay elementos de algunas de las barricas más antiguas y raras de la destilería, que van desde los 35 a los 40 años.

El Dr. Bill Lumsden, maestro de la creación de whisky de Glenmorangie, lo describió como la culminación de una "vida de experimentación e innovación". El arduo trabajo valió la pena, ya que Signet ganó el whisky del año en el mismo año en que Lumsden fue nombrado maestro destilador del año en el Concurso Internacional de Whisky 2016. Esta edición toma su nombre del diseño cuadrado ornamentado que adorna la mayoría de las botellas Glenmorangie. El sello en sí se originó en el Hilton de Cadboll Stone, un artefacto picto que data aproximadamente del año 800 d.C. Nariz: Empieza con chispas de chocolate y cáscaras de cítricos caramelizadas. Especias tostadas, pudín de pan y mantequilla y miel de maple complementan estos aromas, mientras que una nota de amargo de Angostura persiste debajo. Paladar: Canela dulce, almibarada y tonos de malta seca, antes de que surja un chocolate anarajado. Un toque de cáscara de lima, lichis y dátiles. Al final hojas de tabaco y granos de café recién tostados, con un poco de roble tostado con miel. Final: Se seca y se vuelve agradablemente gomoso, a medida que emerge un toque de aceite de trufa.


En conclusión. Esta noche probamos tres whiskies extraordinarios, no solo por escasos, sino por sus aromas y sabores. Cada uno tiene algo que decir, en su idioma y con sus palabras. Los tres son destacables sin embargo, hay que admitirlo, en esta ocasión Glenmorangie se llevó la palma.



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